Hay una vieja convicción diplomática según la cual las épocas no anuncian su final: simplemente se extinguen mientras las cancillerías siguen redactando comunicados para un mundo que ya no existe. Por eso resulta excepcional que dos jefes de Estado hayan decidido romper esa liturgia y consignar, con firma y membrete, lo que el resto prefiere administrar en silencio.
El gesto importa tanto como el contenido. Quienes lo protagonizan no gobiernan imperios, sino naciones medianas condenadas por la geografía a convivir con gigantes, y precisamente por ello su lectura del momento carece del triunfalismo de las potencias y del victimismo de los débiles. Hablan desde la intemperie, y la intemperie suele ser un excelente observatorio.
En esta edición de Marcano Sin Tapujos, Edgar Marcano somete ese documento a un escrutinio que sus autores no contemplaron: el de la mirada latinoamericana. Porque toda cartografía del poder revela tanto por lo que traza como por lo que deja en blanco, y los espacios en blanco de este mapa dibujan, con precisión inquietante, el contorno de nuestra región.
Un análisis sobre la diferencia entre habitar un orden y ser tenido en cuenta por él; entre exportar recursos y ejercer influencia; entre esperar una invitación... y comprender que las invitaciones dejaron de enviarse hace tiempo.
